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La fiebre es tal vez el mecanismo de defensa más primitivo y eficaz que poseemos al menos todos los vertebrados. El cuerpo eleva su temperatura para neutralizar o destruir algún germen patógeno, alterar alguna sustancia o proteína extraña, anómala. Generando una respuesta inflamatoria sistémica que también altera la estructura de los tejidos comprometidos en la causa.

Una vez atravesado y finalizado dicho proceso el organismo se desembarazaría del agente agresor y junto con la eliminación y destrucción, sobrevendrían la curación y reparación de los tejidos, situación que el uso masivo y temprano de la dipirona, por ejemplo, impide.

Entonces, a un cuerpo sometido a ese proceso no le queda otra que renovarse, al deber sintetizar nuevas proteínas en reemplazo de las agotadas por consumo para defensa, y de las tisulares destruidas para limitación de la injuria. Con lo cual, esa vieja frase popular que decían nuestras abuelas acerca de que “después de la fiebre el chico crece”, no solo es muy cierta, si no también muy clara y reveladora. Después de la curación, al generarse proteínas nuevas, se renueva la estructura, pero también la función de los tejidos implicados, o sea cambia algo en el cuerpo, ese cuerpo que atravesó el fenómeno, evolucionó, aprendió.

La medicina actual, a través de sus acciones generalmente de administración de fármacos, impide que dicho proceso se cumpla de la manera detallada. Por supuesto que habrán excepciones en las cuales sea necesario intervenir, especialmente en niños muy pequeños y con grados elevados de pirexia. Pero la medicina convencional, como reflejo de la sociedad actual, acalla el síntoma, e impide el curso natural de las cosas, evitando finalmente que en esa instancia de aprendizaje el individuo consiga tomar sus decisiones, se haga valer, se defienda.

La mirada de la medicina naturista es una propuesta a retornar a las fuentes, confiando en la sabiduría del universo. Ojalá nos animemos a creer más en que la “sanación” es algo muy superior a la curación, y que siempre la primera y mejor manera es interactuando de modo espontáneo y natural con el entorno y las circunstancias.

Que la salud sea siempre una cuestión de desarrollo personal a través de la comunicación de mi Ser con mi tiempo, mi espacio y mi medio. 

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